Proyecto de biblioteca de Google suscita inquietudes respecto a su impacto sobre el acceso a los conocimientos

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Por William New
El acuerdo que ha sido proclamado como un gran avance en la digitalización del conocimiento humano también está abriendo ciertos interrogantes sobre el acceso a esta información para la mayoría de las personas, según comentó un experto en cuestiones de derechos de autor e interés público.

Fred von Lohmann, abogado de la Electronic Frontier Foundation, expresó recientemente su preocupación frente al acuerdo alcanzado hace poco entre Google y los autores y editores que le permitirá al motor de búsqueda seguir tomando prestados millones de libros de las bibliotecas y escanearlos para constituir así una biblioteca digital.

El abogado presentó sus observaciones en una conferencia internacional sobre derechos de autor y bibliotecas, que tuvo lugar en Chisinau, Moldavia, el pasado 13 de noviembre. Allí habló sobre la cuestión “del imperio cada vez poderoso de los derechos de autor” en relación con la gestión de los derechos digitales (tecnologías de control de acceso a contenidos protegidos por el derecho de autor), las licencias y la privatización de la información pública.

El principal motivo de preocupación acerca del proyecto de Google, que podría comenzar a operar en 2010, se debe a que funcionará como una biblioteca privada, con implicaciones diferentes que si fuera una biblioteca pública, según lo que describió von Lohmann. El acuerdo en sí no afecta la digitalización de libros de dominio público. Permite que se copien libros protegidos por el derecho de autor y agotados, cuyo contenido luego puede visualizarse de forma gratuita hasta en un 20 por ciento, y por el que se cobra el acceso al 80 por ciento restante. En el caso de libros protegidos por el derecho de autor y disponibles en el comercio, Google deberá obtener la autorización de los titulares de los derechos sobre las obras antes de poner a disposición del público cualquiera de sus fragmentos. En todos los casos, la visualización deberá realizarse a través de la página web de Google.

Google financiará la creación de un registro de derechos de libros para que los titulares de los derechos de autor puedan registrar sus obras y recibir una compensación por el uso de las mismas, y para ello ha destinado 34 millones de dólares, afirmó von Lohmann. Según el acuerdo, los titulares de derechos obtendrán el 63 por ciento de todos los ingresos procedentes del uso de las obras y el resto corresponderá a Google, que tiene previsto desarrollar nuevos elementos de valor añadido que promuevan la utilización de su biblioteca (véase IPW, Access to Knowledge, 30 de october de 2008, en inglés).

Las bibliotecas resultarán beneficiadas debido a que se digitalizarán todos sus libros, y habrá una mayor capacidad de investigación gracias a la posibilidad de hacer búsqueda de palabras. Sin embargo, según señaló von Lohmann, en los Estados Unidos las bibliotecas tendrán cada una sólo un terminal informático gratuito de acceso público a todos los libros de la colección de Google, y deberán pagar para adquirir otros adicionales. Cabe suponer que Google utilizará este acuerdo como una base para las negociaciones que tendrá que llevar a cabo para poder digitalizar libros escritos en otros idiomas además del inglés, añadió.

En cuanto a las obras de dominio público, Google está autorizado para digitalizarlas y facilitar su acceso. Sin embargo, en los Estados Unidos es difícil determinar cuáles obras están en el dominio público, sobre todo las publicadas entre los años 1920 y 1960, dijo. Google escanea los libros sin autorización y, si ello resulta ser motivo de objeción, retira las copias digitales; en este contexto, los editores han acordado no demandarlo en caso de que se cometan errores. Sin embargo, este “puerto seguro” contra los pleitos sólo se aplica a Google, no a las bibliotecas ni a los particulares, señaló.

En relación con las obras huérfanas, los millones de libros cuyos titulares de derechos son imposibles de identificar o de localizar, Google saldaría su obligación frente a los titulares mediante el pago al registro de derechos de libros, pero las bibliotecas no tienen esta posibilidad.

¿Límites a las excepciones para las bibliotecas?

Sin embargo, otra de las inquietudes es tratar de saber qué va a pasar con las limitaciones y excepciones al derecho de autor que normalmente se conceden a las bibliotecas. Estas excepciones dependen de que las obras no estén disponibles en el comercio, pero, se preguntó von Lohmann, ¿qué pasa si cada vez más todas las obras se encuentran disponibles para uso comercial, como en el caso de Google? Otro motivo de preocupación es ver qué sucederá cuando se desechen los originales de los libros pero haya errores en las copias digitalizadas, como ha ocurrido con Google. No se puede depender de esta empresa para que mantenga las copias y agregó que los interesados en su preservación debería preocuparse por ello.

Otros problemas tienen que ver con el hecho de que las licencias no proveerán las obras, sino que el acuerdo sólo permitirá que se acceda, bajo determinadas condiciones, a los libros conservados por alguien más (que podría cambiar las condiciones). La cuestión del agotamiento de los derechos también podría surgir, por ejemplo, si el titular de una licencia decide transferirla (del mismo modo que los donantes solían legar sus libros a las bibliotecas). A von Lohmann también le preocupan las cuestiones relacionadas con la privacidad puesto que Google conocerá el comportamiento de cada usuario y aún no ha precisado cómo va a proteger este ámbito.

Por último, habló de la importancia tradicional del acceso gratuito a la información. Las bibliotecas han desempeñado un papel “crucial” para que las personas sin recursos puedan acceder a la información, y podrían verse afectados si para hacerlo tienen que pagar a una empresa privada.

Alternativas para las bibliotecas

Puede haber algunas alternativas para las bibliotecas, dijo von Lohmann, como por ejemplo la obtención de la autorización directa de los propios titulares de derechos de autor para escanear los libros, o mediante la concesión de excepciones que permiten a las bibliotecas encargarse de la digitalización.

Sin embargo, están surgiendo otras opciones, como la creación de una biblioteca utilizando el “crowdsourcing” (un neologismo acuñado por el autor Jeff Howe, que se refiere a la subcontratación de una tarea a un grupo numeroso de personas) que permitiría a los usuarios participar con su “entusiasmo y experiencia”, señaló Von Lohmann . En lugar de ejercer como “minoristas” en el comercio de la información, las bibliotecas podrían actuar como proveedores a granel, como el public.resource.org (en inglés), que reúne los documentos de dominio público de los gobiernos y los pone a disposición de los usuarios mediante el libre acceso en Internet.

Sin embargo, la construcción de recursos a partir de obras de dominio público depende de que el contenido esté disponible, y las editoriales están haciendo que esto resulte cada vez más difícil, dijo. Por ejemplo, hay las que proponen a los gobiernos publicar material para ellos, pero luego exigen un pago para que se pueda acceder al mismo.

Otro ejemplo es la Encyclopedia of Life, (en inglés), que está creando un sitio web de libre acceso con una página dedicada a cada una de las especies del planeta. http://www.eol.org/ Sus creadores están tratando de obtener la autorización de las revistas científicas, pero se están topando con algunas dificultades, como la localización de los titulares de los derechos, por lo que están considerando la posibilidad de invitar a los usuarios a que escaneen y carguen el texto, algo permisible por la ley de derechos de autor en Estados Unidos. En general, von Lohmann prevé un sistema de derecho de autor que permita aprovechar los conocimientos que ya poseen los usuarios. Cuestionó la posibilidad de que la ley de derechos de autor castigue a alguien por reproducir contenido proveniente de una fuente infractora. “¿Por qué no más bien pensamos hacia delante?”, dijo. “Estos servicios de uso compartido de archivos no van a desaparecer nunca”.

Otra opción es ofrecer alojamiento para las compilaciones de terceros, señaló. Algunos países prevén limitaciones de responsabilidad sobre los derechos de autor para los proveedores de servicios en línea que almacenan contenido para los usuarios, lo que ha contribuido al crecimiento de servicios de Internet como YouTube de Google. Las bibliotecas podrían utilizar las mismas protecciones de derechos de autor para proveer un repositorio en línea que sus usuarios puedan usar para depositar material digital, añadió.

Una alternativa más es que los usuarios sirvan de biblioteca, mencionó Von Lohmann. El original servicio de descarga de música Napster, antes de ser demandado por infracción de derechos de autor, atesoró la biblioteca de música grabada más completa en la historia, y todo con aportes de usuarios no remunerados. Las bibliotecas deberían abrazar la idea de que los usuarios pudieran copiar y distribuir archivos de música, esforzándose por conseguir una solución mediante la cual se compense a los artistas sin dejar de aprovechar los esfuerzos de los usuarios voluntarios, dijo.

El proyecto de Google se ha solucionado fuera de los tribunales, lo que impide que el resultado sirva de precedente para otros casos, señaló von Lohmann, quien agregó, “creo que [el proyecto de Google] plantea muchos interrogantes respecto a las bibliotecas, que van a tardar años en resolverse”.

Traducido del inglés por Giselle Martínez

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