Los medios de negocio abierto suplen las carencias de la tradicional industria del entretenimiento

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Por Kaitlin Mara
Más allá del dominio de la tradicional industria del entretenimiento, protegida por marcas comerciales y cuyos propietarios son grandes estudios, existe un sinfín de artistas sin audiencias que están buscando la manera de distribuir su creatividad, y grupos de personas que anhelan el arte que refleja las experiencias que el cine y la música tradicionales dejan de lado. Estos artistas han creado industrias paralelas independientes que cuestionan los puntos de vista convencionales sobre la piratería.

Dicha expresión artística solía ser la propiedad de las calles de barrio o la tradición oral, no obstante, el mundo digitalizado ha traído aparejado dos cambios clave: por un lado, los medios de comunicación que son más veloces y pueden penetrar más profundamente tienen una mayor capacidad de reacción y están superando a las formas de creación y comunicación locales; por otro lado, Internet y el aumento de los aparatos de grabación personales (y sus precios cada vez más bajos) han puesto el poder de la comunicación al alcance de aquellos que quieren tomarlo.

“Hay culturas que literalmente están desapareciendo. Cada vez que alguien fallece, es como si se perdiera una biblioteca”, comentó Charles Igwe de la empresa de información y servicios cinematográficos The Big Picture que asesora a la exitosa industria cinematográfica nigeriana.

Un equipo de expertos abordó el tema el pasado 9 de septiembre en la tercera conferencia anual sobre el “acceso a los conocimientos” (por el inglés Access to Knowledge) organizada por de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale.

Según Ronaldo Lemos del Centro para la Tecnología y la Sociedad de la Fundação Getulio Vargas (FGV) de la Facultad de Derecho en Río de Janeiro, el gigante de la música Sony/BMG lanza en Brasil aproximadamente 13 nuevos discos compactos al año. “¿Dónde está la música brasileña?”, preguntó.

La respuesta a su pregunta es que, a partir de lo que nunca antes se había registrado, se han desarrollado muchas industrias independientes que crean, graban y distribuyen a su manera.

El sitio web brasileño TramaVirtual, por ejemplo, ostenta más de 60.000 artistas. Es “una generación entera de arte y música que viene de este sitio web en vez de la industria musical tradicional”, afirmó Lemos. Se producen cada año cerca de 400 discos compactos nuevos y 100 DVD nuevos de una música de la calle brasileña popular, llamada tecnobrega, “pero no se encuentran en las tiendas”, añadió.

Esta música en cambio se distribuye directamente a los vendedores callejeros. Las mismas personas de las que normalmente se piensa que venden material pirateado tienen un acuerdo con la gente del tecnobrega brasileño para vender el producto oficial, explicó Lemos.

Regina Casé, de Pindorama Produçoes Artisticas, opinó que a veces se trata a esta gente como piratas, lo que es injusto dado que la música les pertenece.

Casé indicó que su organización trabaja para la transmisión televisiva de esta escena musical, al principio en Brasil y ahora en expansión por todo el mundo.

“Viajamos a lugares que antes no interesaban a nadie y mostramos a gente que era invisible para la mayoría… entonces nos dimos cuenta que la televisión ya no mostraba la realidad”, advirtió. Este programa de televisión, que se lo llamó Central da Periferia (el centro de la periferia), pasa el tipo de música que es muy popular en las zonas periféricas y que por lo general la industria del disco tradicional ignora. Asimismo, presenta métodos de distribución como el “candonga” (camionetas con altavoces para que la gente pueda escuchar nueva música cuando el conductor pasa por las calles de un barrio).

Según Casé, un solo episodio de Central da Periferia puede tener una audiencia de más de 100 millones de personas. En un videoclip, músicos sonrientes toman el teclado de manera triunfal y exclaman: “¡Esta es para los marginados de la tecnología!”

Hollywood tampoco está exento de este flujo de creación de zonas marginales. Lemos señaló que en 2005 Brasil sacó a la venta 51 películas nuevas, Estados Unidos 611, India 934 y Nigeria 1.200. En Nigeria, comprar una película cuesta 3 dólares y alquilarla 0,50 dólares. Con estas ventas, la industria genera 200 millones de dólares al año y ocupa la tercera posición a escala mundial después de Estados Unidos e India.

Igwe comentó que tras una decisión de 1992 sobre la venta de programas de televisión en Nigeria, las estaciones de televisión acordaron que sería mucho más barato y más fácil comprar un producto extranjero. Esta decisión creó escasez de oferta para las estrellas y programas de televisión nigerianos de siempre que entonces no pasaban en la televisión. Sin embargo, una película realizada con algunas de estas estrellas vendió 200.000 copias en una semana, lo que claramente mostró el potencial de esta industria.

La demanda superó rápidamente a la oferta y poco después copias piratas de películas circulaban en el mercado. Igwe explicó que la industria tuvo entonces que decidir entre dos opciones: buscar colaboración con objeto de terminar con la falsificación y la piratería (una perspectiva costosa en una industria en ciernes que no cuenta con apoyo estatal) o permitir que cada disco, legítimo o no, que se introdujera en el mercado “creara una audiencia para nosotros”. Detrás de la piratería se esconde el deseo de tener más cosas sobre el producto. Como consecuencia de la piratería, se abrieron todavía más nuevos mercados, añadió.

Elizabeth Stark, del Proyecto de la Sociedad de la Información de la Universidad de Yale, explicó que éste es un factor clave para la industria de los negocios abiertos. “Los medios que utilizan derechos exclusivos no son más de actualidad”. Cuando los medios tradicionales de licencia no se utilizan más, “la gente trabaja fuera del sistema e innova para crear estos modelos”.

En Occidente, las formas alternativas de distribución y licencia se están poniendo de moda: el grupo de música Radiohead, por ejemplo, sacó a la venta su último álbum In Rainbows mediante un sistema que permite pagar voluntariamente el importe deseado. Otro grupo de música, Nine Inch Nails, fue aun más lejos al lanzar su último álbum The Slip bajo una licencia Creative Commons, dijo Stark.

Igwe aseguró que, según los datos de 2008, la industria cinematográfica de Nigeria, llamada “Nollywood”, produce 2.000 películas al año; y esta industria no sólo está creciendo sino que “se está expandiendo vertiginosamente”. En África se está experimentando un “renacimiento cultural masivo”. A título de ejemplo, se está desarrollando un Ugowood en Uganda y un Riverwood en Kenya.

Por primera vez, gracias a la explosión de estas películas se ha podido grabar tradiciones que de no ser así hubieran corrido el riesgo de perderse puesto que no se pueden contar por escrito, explicó Igwe. Si bien es cierto que Nollywood es un negocio y que como tal debe sobrevivir, se trata de un negocio que tiene una responsabilidad e impacto sociales extraordinarios, añadió.

Lo que refuerza una buena parte de esta tendencia de nuevos modelos de negocios puede tener sus raíces en algo todavía más fundamental que el deseo de acceder a la información. Rishab Ghosh, del Centro de investigación y capacitación económica y social sobre innovación y tecnología de la Universidad de las Naciones Unidas en Maastricht, dijo respecto a los programas de código abierto (otra forma de negocios abiertos y participativos) que la clave “no sólo reside en el acceso a los conocimientos” sino también “en el acceso a la participación”.

Traducido del inglés por Analín Pedroni

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